Frank Cuesta describe la “cárcel de los gemelos” como teatro de lo grotesco y estalla por una escena con velas
hace 4 meses · Actualizado hace 4 meses

Frank Cuesta ha vuelto al confesionario a primera hora del directo del reality en el que participa para explicar cómo está viviendo la convivencia dentro de la conocida como “cárcel de los gemelos”. En su reflexión, el creador intenta ponerle un marco a lo que ocurre a su alrededor y llega a compararlo con lo que recuerda del colegio: un teatro de lo grotesco, por la mezcla constante de situaciones absurdas, tensión y comportamientos extremos y límite.
En ese mismo tramo, Frank también habla de su estado físico (con fiebre y un bajón fuerte), de la falta de descanso y de un episodio que le hizo saltar especialmente: una dinámica con ouija y velas que, según cuenta, no quería en su espacio.
- “Os voy a meter una chapa”: el confesionario como desahogo matinal
- Fiebre, estrés y un tema de salud que evita mencionar en el reality
- El episodio con la ouija y su enfado con Maxi Miller: “Fuera… la vela”
- Qué contexto real hay sobre velas y rituales en Tailandia
- “Aquí no hay quien duerma”: frío, luz constante y caos de convivencia
- El teatro de lo grotesco y un casting pensado para estallar
“Os voy a meter una chapa”: el confesionario como desahogo matinal
El clip arranca con Frank avisando del tono de lo que va a contar y dejando claro que es una de esas charlas que hace por la mañana en el confesionario:
“Os voy a meter una chapa… Si no os gusta, ya sabéis, cambiáis y os ponéis a ver los teletubis”.
Desde ahí, desgrana cómo se siente dentro del formato, habla del frío, de la rutina y de los roces cotidianos, con un estilo directo y sin filtro.
Fiebre, estrés y un tema de salud que evita mencionar en el reality
Uno de los puntos que más llama la atención es cuando cuenta que el día anterior tuvo un bajón importante y que llegó a tener fiebre “casi 39,2”, debido a la cual al parecer también tuvo delirios y empezó a hablar sobre los caballeros y el estilo de vida en la edad media. Posteriormente y afortunadamente esa fiebre fue bajando.
En el confesionario, lo relaciona con estrés y cansancio, y explica que tuvo que tomarse medicación y descansar unas horas para encontrarse mejor.
En este punto, Frank sugiere que estos episodios pueden estar vinculados a una condición médica (Mielodisplasia) de la que ha hablado en otras ocasiones fuera del reality, pero que prefiere no nombrar dentro. Según ha explicado, evitarlo también tiene que ver con que durante un periodo anterior recibió críticas, cuestionamientos y comentarios insistentes de terceros en redes y contenidos de opinión (Chi, youtubers, periodistas, etc), algo que —según su versión— terminó convirtiéndose en un foco incómodo que no quiere reabrir en pleno formato.
En el clip, lo resume en una prioridad práctica: si ve que no descansa, intentará “esconderse” en algún momento para poder recuperarse y no forzar el cuerpo.
El episodio con la ouija y su enfado con Maxi Miller: “Fuera… la vela”
El momento de mayor tensión llega cuando habla de una escena con Maxi Miller, con ouija y velas. Frank insiste en que es algo que no le gusta y que no quiere que se le imponga. Según cuenta, avisó varias veces para que no le acercaran unas velas colocadas de una forma concreta (en paralelo) y, al no sentirse respetado, terminó reaccionando de forma brusca, dando un manotazo y tirando la vela al suelo.
En el confesionario lo explica así, con frases muy explícitas:
“No me gusta. Es algo que aborrezco”.
“Tú no le pones dos velas paralelas blancas a nadie enfrente”.
“Le digo cuatro veces: ‘Para, para… no te metas con eso’”.
Y remata su reacción con: “Le meto una… a la vela y se la tiro. Fuera… la vela”.
Más allá del simbolismo, Frank plantea el incidente como una cuestión de límites: “hay cosas que tienen que tener un límite, especialmente cuando te están rompiendo tu espacio vital”, según su propia explicación en el directo.
Qué contexto real hay sobre velas y rituales en Tailandia
Frank argumenta parte de su incomodidad diciendo que vive en Tailandia y que allí las velas se usan con frecuencia en contextos culturales y religiosos, y que la posición en paralelo podría ser malos deseos y malos augurios, por lo que él no lo ve como una simple broma. Confesó que le ponen velas cada pu** semana.
A nivel de contexto general, en Tailandia existen celebraciones y prácticas donde las velas tienen un papel importante, especialmente ligadas a tradiciones budistas y festivales locales.
Un ejemplo conocido es el Festival de las Velas de Ubon Ratchathani, que se celebra con grandes velas decoradas y procesiones vinculadas al periodo de retiro monástico de la temporada de lluvias. Para ampliar este contexto, puedes leer sobre el evento en Wikipedia: Festival de las Velas de Ubon Ratchathani.
Este contexto no prueba por sí mismo que una colocación concreta tenga un significado único (eso depende de la creencia o práctica específica), pero sí ayuda a entender por qué Frank insiste en que no quería esa escena en su espacio y por qué afirma que, para él, no era “solo una broma”.
“Aquí no hay quien duerma”: frío, luz constante y caos de convivencia
Además del episodio de las velas, Frank describe el entorno como duro por el frío, la falta de descanso y una luz que dice que le hace daño en los ojos. En varios tramos se le escucha quejarse del ambiente y de lo difícil que es recuperar energía:
“Aquí se pasa un frío… horrible”.
“Aquí no hay quien duerma y aquí no hay quien viva”.
También habla de la higiene del espacio y plantea organizarse para limpiar: “a ver si somos un poco más limpios… porque la verdad es que da bastante asco”, comenta en el confesionario, describiendo incluso la ducha como algo complicado por el estado del lugar y los horarios desordenados.
El teatro de lo grotesco y un casting pensado para estallar
La reflexión de fondo no se queda en “esto es un reality”. Frank lo enfoca como un tipo de escena permanente donde los perfiles chocan y todo se vuelve exagerado, absurdo o incómodo, de ahí su comparación con el teatro de lo grotesco. En esa línea, también lanza una valoración muy clara sobre el reparto:
“La verdad es que el casting… hay cada elemento. Es para escribir un libro”.
Según su punto de vista, esa mezcla de caracteres hace que la convivencia termine siendo explosiva y que el formato se alimente de conflictos, reencuentros y momentos que acaban comentándose fuera.
